CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
INTRODUCCIÓN
El mandato del Señor
1 "Id, pues, y haced discípulos a todas
las gentes, bautizándolas en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo, y enseñándoles a guardar
todo lo que os he mandado. Y he aquí que
yo estoy con vosotros todos los
días hasta el fin del mundo" (Mt 28,
19-20).
Desde la primera proclamación del Kerigma
apostólico, a la pregunta que
les dirigen aquellos a quienes Dios ha abierto
el corazón -"Hermanos, ¿qué
tenemos que hacer?" (Hch 2,37)- los
Apóstoles y sus sucesores no tienen
otra respuesta que el mandato que el Señor
Jesús les dio antes de subir al
cielo: "Convertíos y que cada uno de
vosotros se haga bautizar en en
nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros
pecados; y recibiréis el
don del Espíritu Santo; pues la promesa es
para vosotros y para vuestros
hijos y para todos los que está lejos, para
cuantos llame el Señor Dios
nuestro" (Hch 2, 37-39).
La Iniciación cristiana, respuesta al mandato
misionero
2 El mandato del Señor encierra una misión
que expresa el sentido,
paternal y maternal a la vez, del ministerio
apostólico. Esta misión se realiza
y se pone de manifiesto bajo estas dimensiones
en el anuncio universal del
Evangelio y en la celebración de los Sacramentos,
particularmente en la
Iniciación cristiana. Nadie está desamparado
del regazo de la Iglesia. "La
Iglesia, dice san Agustín, es la única madre
verdadera de todas las gentes,
que ofrece su regazo a los no regenerados
y amamanta a los regenerados".
El amor de Cristo sigue apremiando hoy a
la Iglesia para desarrollar la
Iniciación cristiana de sus hijos; "con
su amor, oración, ejemplo y obras de
penitencia, la comunidad eclesial ejerce
una auténtica maternidad respecto
a las almas para llevarlas a Cristo".
La preocupación de los obispos españoles
3 "La Iglesia, que ha considerado siempre
la formación de los fieles como
una de las tareas más esenciales de su quehacer,
es también consciente
de su importancia decisiva en unos momentos
en que las circunstancias
cambian con vertiginosa rapidez, poniendo
cada día nuevos interrogantes
con los cuales ha de confrontarse la fe de
los creyentes. ... 'Una minoría de
edad cristiana y eclesial no puede soportar
las embestidas de una sociedad
crecientemente secularizada'".
Estas palabras del Papa a un grupo de obispos
españoles encuentran en
nosotros una perfecta sintonía. En efecto,
también los obispos de las
Iglesias de España estamos preocupados por
este ambiente que dificulta
grandemente la acción evangelizadora de la
Iglesia y que incide, de manera
particular, en la tarea de hacer nuevos cristianos
hoy. Por este motivo nos
consideramos obligados a impulsar y consolidar
la renovación de la pastoral
de la Iniciación cristiana en todos sus aspectos.
Este interés está reflejado
en los planes de la Conferencia Episcopal
y en diferentes documentos de la
misma en los últimos años. Dichos textos
muestran el ambiente y la
perspectiva con que se trata la iniciación
cristiana en el presente
documento. Por otra parte han sido muchas
las diócesis que han celebrado
Sínodos, y aun Concilios provinciales, en
los últimos años y han tomado
iniciativas para poner en marcha proyectos
de evangelización y de
Iniciación cristiana.
4 La renovación de la Iniciación cristiana
es un empeño que compartimos,
en unidad de misión, con todos los presbíteros
y los diáconos. La
colaboración de los catequistas y demás personas
dedicadas a esta
pastoral es preciosa y necesaria. Nunca,
como en estos tiempos, se han
dedicado tantas personas, esfuerzos y recursos
a la catequesis y a la
enseñanza de la religión en las escuelas;
a la promoción de movimientos
infantiles y juveniles; al cuidado de la
participación en la liturgia dominical y
a la preparación de los sacramentos. Sin
embargo, la ignoracia religiosa de
la doctrina de la fe de un buen número de
nuestros fieles, la desconexión
entre la práctica religiosa y la conducta
moral, la debilidad de la presencia
de los católicos en la sociedad y la escasez
de vocaciones a la vida
consagrada a Dios, ponen de manifiesto las
dificultades de nuestra acción
evangelizadora.
5 No obstante estas constataciones, que consideramos
realistas, no
perdemos la esperanza, que nos invita a confiar
en el Señor y a actuar con
libertad y decisión (parresía) apoyados en
la fuerza del Espíritu Santo.
Como hombres de fe reconocemos gozosamente
y con admiración religiosa
que el mundo de hoy se abre también al Reino
de Dios, mediante el anuncio
insistente del Evangelio y la eficacia redentora
del sacrificio de Cristo, bajo
el impulso renovador del Espíritu Santo.
Por esto deseamos hacer una nueva invitación
en favor de una pastoral
evangelizadora más acuciante, que asuma entre
sus prioridades la
Iniciación cristiana. Nuestras Iglesias están
llamadas hoy a "desplegar una
acción pastoral de evangelización frente
al fenómeno generalizado del
debilitamiento de la fe y la difusión de
la increencia entre nosotros". Las
dificultades para hacer cristianos hoy en
España, y las deficiencias que
existen en la pastoral de la iniciación en
nuestras diócesis, lejos de
desanimarnos, nos estimulan.
Objetivos y destinatarios de estas reflexiones
6 Aun siendo siempre las mismas "la
fe que se transmitió a los santos una
vez para siempre" (Judas, 3), y la respuesta
de la Iglesia católica, son
diferentes las generaciones que se suceden,
diversas las culturas, las
situaciones y los lugares en los que es anunciada
la fe y se realiza la
Iniciación cristiana. De aquí que constituya
un deber pastoral el responder
adecuadamente a las personas concretas que
se han de iniciar
cristianamente en nuestras Iglesias locales.
En el Plan de acción pastoral
para el Cuatrienio 1997-2000: "Proclamar
el año de gracia del Señor",
aparece dentro del Objetivo I, "elaborar
y publicar unas Orientaciones
pastorales sobre la Iniciación cristiana".
Por ello, el propósito que nos mueve a los
obispos de la Conferencia
Episcopal Española es ofrecer reflexiones
y orientaciones sobre todo
pastorales, como un servicio de ayuda y de
orientación a las Iglesias
particulares en su cometido propio de establecer
un proyecto de
Iniciación cristiana bajo la autoridad del
Obispo, maestro de la fe y
principal dispensador de los misterios de
Dios, responsable de la vida
litúrgica de la Iglesia que le ha sido encomendada.
Los puntos de referencia
básicos de estas reflexiones, así como los
del proyecto evangelizador,
misionero y catecumenal unitario que pide
el Directorio General para la
Catequesis, a cada diócesis, son los libros
litúrgicos, especialmente los
Rituales de los sacramentos de la iniciación
cristiana, juntamente con el
Catecismo de la Iglesia Católica y el mismo
Directorio General para la
Catequesis.
7 Nos invita también a ello la preparación
del Gran Jubileo del año 2000,
según las sugerencias de la Carta Apostólica
Tertio Millennio Adveniente,
del 10 de Noviembre de 1994, cuando se refiere
a la dimensión sacramental
de la salvación, y en particular a los sacramentos
del Bautismo, la
Confirmación, la Penitencia y la Eucaristía.
Uno de los frutos que esperamos de estas
reflexiones y orientaciones es
propiciar que las diversas instancias o "lugares"
donde se trabaja por la
iniciación cristiana, y las acciones -catequéticas
y litúrgicas- que la integran,
no se organicen por separado, como si fueran
compartimentos estancos e
incomunicados, sino que respondan a un proyecto
unitario y global de cada
Iglesia particular. De esta unidad la primera
beneficiaria será la propia
comunidad diocesana.
8 Las reflexiones y los criterios que presentamos
quieren, por tanto:
a) Clarificar la identidad misma de la Iniciación
cristiana como obra a la vez
divina y humana, directamente relacionada
con la misión de la Iglesia
(Primera parte).
b) Señalar la forma y los lugares en los
que se lleva a cabo la mediación de
la Iglesia particular en la Iniciación cristiana
de niños, adolescentes y
jóvenes, y aun de adultos (Segunda parte).
c) Ofrecer unas sugerencias de renovación
de la pastoral de la Iniciación
cristiana, teniendo en cuenta lapráctica
actual e iluminando algunos
problemas que se plantean hoy en nuestras
diócesis, para impulsar
laacción catequética y litúrgica y discernir
el modo más oportuno de
introducir a los destinatarios de la Iniciación
en la conversión y en la fe
personal en Cristo, y en la comunión con
Él, en el Espíritu (Tercera parte).
PRIMERA PARTE
NATURALEZA DE LA INICIACIÓN CRISTIANA
1. La Iniciación cristiana en cuanto obra
de Dios
Don de Dios y respuesta del hombre
9 La Iniciación cristiana es un don de Dios
que recibe la persona humana
por la mediación de la Madre Iglesia. Sólo
Dios puede hacer que el hombre
renazca en Cristo por el agua y el Espíritu;
sólo Él puede comunicar la vida
eterna e injertar al hombre como un sarmiento,
a la Vid verdadera, para que
el hombre, unido a Él, realice su vocación
de hijo de Dios en el Hijo
Jesucristo, en medio del mundo, como miembro
vivo y activo de la Iglesia.
La originalidad esencial de la Iniciación
cristiana consiste en que Dios tiene
la iniciativa y la primacía en la transformación
interior de la persona y en su
integración en la Iglesia, haciéndole partícipe
de la muerte y resurrección de
Cristo. Algunos antiguos catecismos habían
sintetizado esta realidad de fe
en una breve y exacta respuesta: "Sí,
soy cristiano, por la gracia de Dios!".
Con estas palabras se expresa el gozo del
hombre que ha tomado
conciencia de que es lo que es por la gracia
de Dios; y que la gracia de
Dios no ha sido estéril en él, y así se lanza
a lo que está por delante,
corriendo hacia la meta.
10 La realidad misteriosa de la Iniciación
cristiana, en la que el hombre,
auxiliado por la gracia divina, responde
libre y generosamente al don de
Dios, recorriendo un camino de liberación
del pecado y de crecimiento en la
fe hasta sentarse a la mesa eucarística,
se encuentra reflejada en la
manifestación de Jesucristo Resucitado a
los discípulos de Emaús. Las
"palabras y los gestos" del Señor
conducen a aquellos discípulos del
desencanto a la confianza, de la confianza
a la fe en las Escrituras, de la fe
en las Escrituras al reconocimiento del Resucitado
en la Fracción del Pan, y
del reconocimiento a la misión.
Dinamismo trinitario de la Iniciación cristiana
11 Esta iniciativa gratuita y antecedente
del Padre se verifica en "las
palabras y las acciones" que Jesucristo
resucitado realiza en la Iglesia,
Esposa suya y Madre nuestra; y en la acción
del Espíritu Santo que inspira,
ilumina, guía y conduce al que es llamado
a entrar en la comunión de la
vida divina trinitaria. "Quiso Dios,
con su bondad y sabiduría, revelarse a Sí
mismo y manifestar el misterio de su voluntad:
por Cristo, la Palabra hecha
carne y con el Espíritu santo, pueden los
hombres llegar hasta el Padre y
partícipar de la naturaleza divina".
Desde este punto de vista la Iniciación cristiana
constituye el cumplimiento
de las promesas hechas por Dios a nuestros
padres en el Antiguo
Testamento, especialmente a Abrahán, llamado
a ser padre de una
descendencia innumerable no sólo según la
carne sino "según la promesa"
unida a la fe.
La Iniciación cristiana, por tanto, ha de
entenderse en primer término como
obra de la Santísima Trinidad en la Iglesia.
Del Padre que "nos ha elegido
en Cristo antes de la fundación del mundo,
para ser santos e inmaculados
en su presencia, en el amor; eligiéndonos
de antemano para ser sus hijos
adoptivos" (Ef 1,4-5); del Hijo Jesucristo
que, "sentado a la derecha del
Padre", se hace presente a su Iglesia
para insertar a los hombres en su
misterio pascual; y del Espíritu Santo, el
"pedagogo de la fe" y artífice
de las
"obras maestras de Dios" que son
los sacramentos de la Nueva Alianza. La
Iglesia es la mediación querida por Dios
para actuar en el tiempo esta obra
de la redención humana y de la participación
de los hombres en la
naturaleza divina.
12 Esta participación "tiene cierta
analogía con el origen, el crecimiento y
el
sustento de la vida natural. En efecto, los
fieles renacidos en el Bautismo se
fortalecen en el sacramento de la Confirmación
y, finalmente, son
alimentados en la Eucaristía con el manjar
de la vida eterna, y así, por
medio de estos sacramentos de la Iniciación
cristiana, reciben, cada vez con
más abundancia, los tesoros de la vida divina
y avanzan hacia la perfección
de la caridad".
De ahí que la Iniciación cristiana se lleve
a cabo en verdad en el curso de
un proceso realmente divino y humano, trinitario
y eclesial. Los que acogen
el mensaje divino de la salvación, atendiendo
a la invitación de la Iglesia,
son acompañados por ella desde el nacimiento
a la vida de los hijos de Dios
hasta la madurez cristiana básica. Este proceso
está insinuado ya en la
invitación del Apóstol Pedro a los que acogieron
su palabra el día de
Pentecostés: "Convertíos y que cada
uno de vosotros se haga bautizar en
el nombre de Jesucristo, para remisión de
vuestros pecados, y recibiréis el
don del Espíritu Santo" (Hch 2,38).
2. La mediación maternal de la Iglesia
La misión de la Iglesia
13 Después de su resurrección Jesús, confiando
a los apóstoles la misión
que había recibido del Padre, los envió a
predicar el Evangelio a toda
criatura y a realizar, mediante los sacramentos,
la salvación que
anunciaban. Para esta misión les aseguró
su presencia permanente hasta
el fin de los siglos y les infundió el Espíritu
Santo. El anuncio del Evangelio
y la acción litúrgica responden, en consecuencia,
a la iniciativa del Padre
que ha querido asociar a la Iglesia a la
obra salvadora de su Hijo y Señor
nuestro Jesucristo, en el Espíritu Santo.
Puede hablarse, por tanto, de una
verdadera synergía o actuación común en la
obra de nuestra redención,
entre Cristo y su esposa la Iglesia, entre
el don del Espíritu Santo y la
acción de la Iglesia.
Desde entonces la Iglesia no ha dejado nunca
de cumplir la misión que
Cristo le ha encomendado, anunciando a los
hombres la salvación,
incorporándolos a la participación de la
vida trinitaria en la comunidad que
nace de ella, y enseñándoles a vivir según
el Evangelio. En este sentido la
Iniciación cristiana es la expresión más
significativa de la misión de la Iglesia
y, como se ha indicado ya, constituye la
realización de su función maternal,
al engendrar a la vida a los hijos de Dios.
La Iglesia particular, sujeto de la Iniciación
cristiana
14 Ahora bien, esta misión maternal de la
Iglesia, aunque pertenece a todo
el cuerpo eclesial, se lleva a cabo en las
Iglesias particulares, en las que
"está verdaderamente presente y actúa
la Iglesia de Cristo una, santa,
católica y apostólica". En efecto, "la
Iglesia universal se realiza de hecho en
todas y cada una de las Iglesias particulares
que viven en la comunión
apostólica y católica".
La Iglesia particular, "parte del Pueblo
de Dios confiada a un obispo para
que la apaciente con la colaboración de su
presbiterio" es una comunidad
de fe, nacida de la proclamación de la Palabra
de Dios hecha con autoridad
apostólica, y reunida por la fuerza del Espíritu
y no por la simple voluntad de
los hombres. En ella se celebra la Eucaristía
de todo el pueblo de Dios,
como manifestación principal de la Iglesia
y centro de toda su vida y misión.
La Iglesia particular está presidida por
el Obispo, que provee los ministerios
y modera todas las funciones.
Responsabilidad de la Iglesia particular
y del Obispo
15 Por estar inmersa en una sociedad concreta,
que habla una lengua
determinada y tiene una cultura, una historia
y una visión del mundo
propias, la Iglesia particular ha de "asimilar
lo esencial del mensaje
evangélico, de trasvasarlo, sin la menor
traición a su verdad esencial, al
lenguaje que esos hombres comprenden, y,
después, anunciarlo en ese
mismo lenguaje". Por eso, en coherencia
con su misión y de acuerdo con
las exigencias del misterio de la Encarnación,
ha de esforzarse por conocer
en profundidad la cultura de las personas
y el grado de penetración en su
vida, con el fin de que el Evangelio llegue
a los niveles más profundos de la
existencia. Al mismo tiempo ha de procurar
mantener íntegros los
contenidos de la fe de la Iglesia, cuidando
también que el lenguaje de la fe
sea patrimonio común de los fieles y factor
de comunión.
16 La Iglesia tiene el deber de anunciar
el Evangelio a todos los hombres y
la responsabilidad de educar en la fe a aquellos
que han aceptado a
Jesucristo. Por eso necesita desarrollar
todas las funciones eclesiales, y
ofrecer, dentro de un Proyecto diocesano
de Catequesis de carácter global,
"un doble servicio:
a) Un proceso de Iniciación cristiana, unitario
y coherente, para niños,
adolescentes y jóvenes, en íntima conexión
con los sacramentos de la
Iniciación ya recibidos o por recibir y en
relación con la pastoral educativa.
b) Un proceso de catequesis para adultos,
ofrecido a aquellos cristianos
que necesiten fundamentar su fe, realizando
o completando la Iniciación
cristiana inaugurada o a inaugurar con el
Bautismo".
Al mismo tiempo ha de cuidar la dimensión
sacramental de la Iniciación
cristiana, cuya celebración está también
íntimamente vinculada a la
naturaleza de la Iglesia particular y es
moderada por el Obispo. En efecto, el
Obispo "dirige la celebración del Bautismo,
con el cual se concede la
participación del sacerdocio real de Cristo;
es ministro ordinario de la
Confirmación, y preceptor de toda la Iniciación
cristiana, la cual realiza ya
sea por sí mismo, ya por sus presbíteros,
diáconos y catequistas".
3. La Iniciación cristiana en cuanto mediación
de la Iglesia
Sentido amplio de la palabra Iniciación
17 Al término "iniciación" se le
suele asignar el significado de proceso de
aprendizaje o introducción progresiva en
el conocimiento de una teoría
(doctrina) o de una práctica (oficio, disciplina,
ocupación o profesión); y
también el significado de proceso de socialización
por el cual una persona
asimila existencialmente las creencias, normas,
valores, comportamientos,
actitudes y ritos de un determinado grupo
social.
En las religiones primitivas suele aplicarse
el término "iniciación" al conjunto
de pruebas, ritos y enseñanzas que el niño
ha de superar al llegar a la
pubertad, para ser introducido en la vida
adulta, logrando así una nueva
identidad personal y el reconocimiento social.
En las religiones antiguas la
iniciación llevaba consigo la introducción
en una experiencia religiosa,
mediante el conocimiento de cosas ocultas
y la práctica de unos ritos para
transformar a los iniciados. En todos estos
significados de la iniciación se
subraya ante todo el carácter religioso y
socio-cultural del proceso iniciático.
Concepto específico de la Iniciación cristiana
18 La Iniciación cristiana, aunque pueda
aparecer con algunos puntos de
contacto con el lenguaje y las formas iniciáticas
de las religiones, es, sin
embargo, un hecho de naturaleza diferente.
La expansión del Evangelio en
el mundo de la antigüedad hizo que la Iglesia
admitiera algunas expresiones
rituales procedentes de la gentilidad, como
había hecho antes respecto del
mundo judío. Pero al asumir estos elementos,
realizó un adecuado
discernimiento bajo la luz del Espíritu Santo,
entre lo que era incompatible
con el mensaje cristiano y lo que podía ser
armonizado con la tradición
apostólica.
Como se ha explicado más arriba, la Iniciación
cristiana tiene su origen en la
iniciativa divina y supone la decisión libre
de la persona que se convierte al
Dios vivo y verdadero, por la gracia del
Espíritu, y pide ser introducida en la
Iglesia. Por otra parte, la Iniciación cristiana
no se puede reducir a un simple
proceso de enseñanza y de formación doctrinal,
sino que ha de ser
considerada una realidad que implica a toda
la persona, la cual ha de
asumir existencialmente su condición de hijo
de Dios en el Hijo Jesucristo,
abandonando su anterior modo de vivir, mientras
realiza el aprendizaje de la
vida cristiana y entra gozosamente en la
comunión de la Iglesia, para ser en
ella adorador del Padre y testigo del Dios
vivo.
19 La Iniciación cristiana es la inserción
de un candidato en el misterio de
Cristo, muerto y resucitado, y en la Iglesia
por medio de la fe y de los
sacramentos. El Catecismo de la Iglesia Católica,
inspirándose en las
Observaciones generales tanto del Ritual
del Bautismo de Niños como del
Ritual de la Iniciación cristiana de Adultos,
afirma: La Iniciación cristiana,
como "participación en la naturaleza
divina", "se realiza mediante el
conjunto
de los tres sacramentos: el Bautismo, que
es el comienzo de la vida nueva;
la Confirmación, que es su afianzamiento;
y la Eucaristía, que alimenta al
discípulo con el Cuerpo y la Sangre de Cristo
para ser transformado en él".
El itinerario catequético de la Iniciación
cristiana
20 Esta inserción en el misterio de Cristo
va unida a un itinerario
catequético que ayuda a crecer y a madurar
la vida de fe. En efecto, "la
catequesis es elemento fundamental de la
Iniciación cristiana y está
estrechamente vinculada a los sacramentos
de la iniciación". La catequesis
como "educación en la fe de los niños,
de los jóvenes y los adultos, que
comprende especialmente una enseñanza de
la doctrina cristiana, dada
generalmente de modo orgánico y sistemático
con miras a iniciarlos en la
plenitud de la vida cristiana". En estos
momentos, allí donde el
catecumenado no ha sido todavía restablecido,
la catequesis ha de asumir
esta misma función, orientando a los ya bautizados
a incorporarse más
plenamente en el misterio de Cristo. Además,
"la catequesis está
intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica
y sacramental, porque es en
los sacramentos, y sobre todo en la Eucaristía,
donde Jesucristo actúa en
plenitud para la transformación de los hombres".
21 Completada la Iniciación cristiana, es
necesaria también la educación
permanente de la fe en el seno de la comunidad
eclesial. "La educación
permanente de la fe se dirige no sólo a cada
cristiano, para acompañarle en
su camino hacia la santidad, sino también
a la comunidad cristiana en
cuanto tal, para que vaya madurando tanto
en su vida interna de amor a
Dios y de amor fraterno, cuanto en su apertura
al mundo como comunidad
misionera". Esta educación permanente,
junto con la catequesis de
iniciación, ha de formar parte del proyecto
catequético global de la Iglesia
particular.
El camino para llegar a ser cristiano consta
de varias etapas. Este camino
puede ser recorrido rápida o lentamente.
Comprende siempre algunos
elementos esenciales: el anuncio de la Palabra,
la acogida del Evangelio
que lleva a la conversión, la profesión de
fe, el Bautismo, la efusión del
Espíritu Santo, y el acceso a la comunión
eucarística.
Dos formas de Iniciación cristiana
22 La Iniciación cristiana, manteniendo los
elementos y los fines esenciales,
ha variado mucho en sus formas a lo largo
de los siglos y según las
circunstancias. En los primeros siglos comprendía
un tiempo de
catecumenado con los ritos que jalonaban
litúrgicamente el itinerario y que
desembocaban en la celebración de los sacramentos
de la iniciación. Esta
forma ha sido restaurada por el Concilio
Vaticano II para los países de
misión y, a discreción del Obispo propio,
para cualquier diócesis; es la
forma prevista también para los adultos no
bautizados e incluso para los
niños en edad escolar que piden este sacramento.
Desde que la administración del bautismo
a los niños vino a ser la forma
habitual de recepción de este sacramento,
la celebración se ha convertido
en un acto único que integra de manera abreviada
las etapas previas a la
Iniciación cristiana. Por su naturaleza misma,
el Bautismo de niños exige un
catecumenado postbautismal. Se trata no sólo
de la necesidad de una
instrucción posterior al bautismo, sino del
desarrollo de la gracia bautismal
en orden a la conversión personal, en el
crecimiento de la persona. Es el
momento propio de la catequesis "que
nunca debe faltar a los niños
cristianos". De este modo, la Iniciación
cristiana queda organizada en un
itinerario catequético y sacramental, y se
desarrolla principalmente durante
la infancia y la adolescencia. La meta es
siempre la confesión de fe y la
plena y consciente integración del bautizado
en la comunión y en la misión
de la Iglesia.
23 Hoy, pues, tenemos entre nosotros dos
formas de recorrer el camino
de la Iniciación cristiana:
a) la que afecta a los párvulos que son incorporados
en los primeros meses
de su vida en el misterio de Cristo y en
la Iglesia por el Bautismo, y se
recorre, con la recepción de los sacramentos
de la Confirmación y de la
Eucaristía, a lo largo de la infancia, la
adolescencia y la juventud;
b) la Iniciación cristiana de personas no
bautizadas (niños, jóvenes o
adultos) que se lleva a cabo mediante la
participación en un catecumenado,
que culmina en la celebración de los tres
sacramentos de la iniciación.
Ante las exigencias actuales de la evangelización
con muchos adultos ya
bautizados pero en realidad no catequizados,
o alejados de la fe, o incluso
sin haber completado la iniciación sacramental,
ambas formas de Inicición
cristiana propiamente dicha son hoy necesarias.
4. El itinerario típico de la Iniciación
cristiana: el Ritual de la
Iniciación cristiana de Adultos.
24 Para la evangelización existe en la Iglesia
un itinerario o modelo típico de
Iniciación cristiana: el Ritual de Iniciación
cristiana de Adultos. He ahí
brevemente indicadas sus etapas:
a) El anuncio misionero
Aunque el Ritual de la Iniciación cristiana
de Adultos comienza con la
entrada en el catecumenado, el tiempo precedente
o "pre-catecumenado"
alcanza una especial importancia. Es el tiempo
destinado al anuncio
misionero, durante el cual se proclama abiertamente
y con decisión al Dios
vivo y a Jesucristo, enviado por él para
salvar a todos los hombres, a fin de
que, por la acción del Espíritu Santo, crean
y se conviertan libremente al
Señor.
b) La entrada en el catecumenado
25 El rito de la entrada en el catecumenado
expresa la acogida por parte
de la Iglesia de los que han aceptado el
anuncio del Evangelio, y han sido
movidos a la conversión inicial. A partir
de este momento los catecúmenos
"son ya de ‘la casa de Cristo’: son
alimentados por la Iglesia con la palabra
de Dios y favorecidos con las ayudas litúrgicas".
Los Padres Occidentales, particularmente
S. Agustín, profundizan en la
pertenencia de los catecúmenos a Cristo y
a la Iglesia: "No habéis renacido
todavía por el Bautismo sagrado, pero ya
por la señal de la cruz habéis sido
concebidos en el seno de la madre Iglesia".
Por la signación y la unción
catecumenal, entre otros ritos iniciales,
el nuevo converso comienza a ser
catecúmeno, pero no "fiel", porque
no ha recibido aún el sacramento de la
fe, el bautismo.
c) El tiempo del catecumenado
26 Es un tiempo prolongado en el que la Iglesia
transmite su fe y el
conocimiento íntegro y vivo del misterio
de la salvación mediante una
catequesis apropiada, gradual e íntegra,
teniendo como referencia el
sagrado recuerdo de los misterios de Cristo
y de la historia de la salvación
en el año litúrgico, y acompañada de celebraciones
de la Palabra de Dios y
de otros ritos y plegarias, llamados escrutinios.
Los catecúmenos, ayudados por el ejemplo
y el auxilio de los padrinos y
aun de todos los fieles, son instruidos en
la fe, adquieren el lenguaje de la
misma, se ejercitan en la oración personal
y comunitaria, aprenden a vivir
según el modelo de Cristo y son introducidos
paulatinamente en las
responsabilidades propias de la vida cristiana.
"Como la vida de la Iglesia es
apostólica, los catecúmenos deben aprender
también a cooperar
activamente a la evangelización y a la edificación
de la Iglesia con el
testimonio de su vida y con la profesión
de fe". El tiempo del catecumenado
concluye con el rito de la elección o inscripción
del nombre.
d) El tiempo de la purificación y de la iluminación
27 La Iglesia, acabado el tiempo del catecumenado,
pone en manos de Dios
a los que El ha elegido, y como madre se
dispone a engendrarlos en Cristo
por la fuerza del Espíritu Santo. Por esto,
intensifica su acompañamiento
mediante la catequesis, la liturgia y la
penitencia cuaresmal. Les ayuda con
la oración para que se abran a la acción
de Dios que está escrita en los
corazones: "A fin de excitar el deseo
de la purificación y de la redención de
Cristo, se celebran tres escrutinios, para
que los catecúmenos conozcan
gradualmente el misterio del pecado".
Y les hace entrega de los símbolos
de la identidad cristiana: El Credo y el
Padrenuestro.
e) Celebración de los sacramentos de la Iniciación
cristiana
28 En el contexto de la celebración del misterio
pascual, la Iglesia engendra
en Cristo a los catecúmenos por el sacramento
del Bautismo. "Por el
Bautismo somos liberados del pecado y regenerados
como hijos de Dios,
llegamos a ser miembros de Cristo y somos
incorporados a la Iglesia y
hechos partícipes de su misión". En
la misma celebración, los neófitos son
sellados por el don del Espíritu Santo en
el sacramento de la
Confirmación, quedando así configurados sacramentalmente
a la imagen de
Cristo, el Ungido, y constituidos miembros
de la comunidad cristiana, con
derecho pleno a todas las acciones propias
de la Iglesia.
Los neófitos participan por primera vez con
todos los fieles en la oblación
del Sacrificio eucarístico, memorial eficaz
de la muerte y resurrección del
Señor, y reciben la comunión del Cuerpo y
la Sangre del Señor
resucitado que consuma la unión con El, siendo
hechos "un solo cuerpo y
un solo espíritu" con Cristo por la
fuerza del Espíritu Santo.
f) El tiempo de la mistagogia
29 A la celebración de los sacramentos de
la Iniciación cristiana sigue el
tiempo de la profundización en los misterios
recibidos, o de la mistagogia.
Incorporados ya los neófitos a la vida de
la comunidad y acompañados por
ésta perseveran en la escucha de la Palabra
de Dios, en la Eucaristía y en
la caridad fraterna. La mistagogia es, en
primer término, una etapa
catequética y sacramental a la vez, delimitada
por la octava pascual y que
puede extenderse hasta Pentecostés. En ella
los iniciados, renovados en su
espíritu, asimilan más profundamente los
misterios de la fe y los
sacramentos en los que se nutre la Iglesia,
experimentando cuán suave es
el Señor. "La inteligencia más plena
y fructuosa de los misterios se adquiere
con la renovación de las explicaciones y
sobre todo con la recepción
continuada de los sacramentos".
30 Pero la mistagogia configura también toda
la trayectoria de la vida
cristiana, que progresa y se enriquece día
a día en la comprensión más
plena de las Sagradas Escrituras y en la
frecuencia de los sacramentos. En
este sentido la Iniciación cristiana de los
que son bautizados nada más
nacer, está definida también por la mistagogia.
De ahí la importancia de la
celebración del domingo para todos los fieles
cristianos, como día en el que
se hace memoria del Bautismo y se nutre la
fe con la Palabra de Dios y con
la participación eucarística. De la perseverancia
en esta celebración brota
para los bautizados un nuevo sentido de la
fe, de la Iglesia y del mundo, al
tiempo que se consolidan los vínculos de
la comunión eclesial y se fortalece
el testimonio delante de los hombres. El
bautizado ha entrado en un
universo nuevo, en una historia de salvación,
en la familia de los hijos de
Dios y, en definitiva, en el pueblo que es
propiedad personal del Señor,
ámbito de la memoria y de la presencia de
la revelación y de la redención
divinas.
Síntesis
31 La Iniciación cristiana comprende como
elementos propios los
siguientes:
a) La iniciativa eficaz y gratuita de Dios:
el que se inicia lo hace llamado por
Dios Padre en Jesucristo y el Espíritu Santo,
a través del anuncio del
Evangelio. La fe viene por la predicación.
b) La respuesta de la fe que se realiza en
la escucha y en la acogida interior
del Evangelio: el iniciado responde libremente
y se entrega y se adhiere a
Dios.
c) La acogida de la Iglesia que recibe en
su seno maternal a los que han
aceptado el anuncio y los inserta en el misterio
de Cristo y en la propia vida
eclesial, verdadera participación en la comunión
trinitaria.
d) Esta acción de la Iglesia integra básicamente
la predicación de la Palabra
de Dios y su explicación; la catequesis que
introduce en el conocimiento de
los misterios de la fe e inicia en otros
aspectos de la vida de la Iglesia, como
se verá más adelante; la celebración de los
sacramentos de la iniciación; y
el acompañamiento posterior de los bautizados
en orden a su perseverancia
y profundización en los misterios celebrados.
Pero como la debilidad humana puede inducir
a los bautizados a apartarse
de la fidelidad bautismal, la Iniciación
cristiana tiene una continuidad
especial en el sacramento de la Penitencia,
"segundo bautismo" o "bautismo
de lágrimas". La Penitencia, que comprende
esencialmente un cierto
proceso de conversión semejante al del catecumenado,
manifiesta la
misericordia de Dios que actúa en el corazón
del cristiano arrepentido,
concediéndole el perdón y la paz por el ministerio
de la Iglesia.
SEGUNDA PARTE
LA INICIACIÓN CRISTIANA EN LA IGLESIA
32 La Iglesia particular ejerce su función
maternal, realizando la Iniciación
cristiana en diferentes "lugares"
y por medio de determinadas funciones.
El "lugar" típico de preparación
de los adultos para los sacramentos de la
Iniciación cristiana es la institución del
Catecumendo bautismal,
estrechamente unido a la comunidad cristiana
.
"Lugares" son la parroquia como
ámbito propio y principal; la familia como
institución originaria; la Acción Católica,
las asociaciones y movimientos
laicales, la escuela católica, como espacios
y medios subsidiarios y
complementarios. Hay que tener en cuenta
también la contribución peculiar
de la enseñanza religiosa escolar. Cada una
de estas instituciones tiene
carácter específico y a la vez complementario,
de manera que le competen
unas tareas que le son más propias, y cuando
alguna no puede realizar su
misión, otra la lleva a cabo.
Aunque en todos estos lugares se hace presente
la Iglesia particular, sujeto
de la Iniciación cristiana, la parroquia
tiene la condición de ser la última
localización de la Iglesia en un lugar y
representar a la Iglesia visible
establecida por todo el mundo. Es fundamental
que el proyecto de Iniciación
cristiana establecido por el Obispo diocesano
sea asumido, desde el propio
ámbito, por todos los "lugares"
mencionados, dado que es la Iglesia
particular como tal la que ejerce la misión
maternal.
Las funciones se polarizan en torno a las
dos grandes actuaciones de la
Iglesia, la catequesis y la liturgia, anteriormente
aludidas.
1. "Lugares" eclesiales en la Iniciación
cristiana
La parroquia
33 El cristiano recibe la fe en la Iglesia
y por mediación de la Iglesia. La
parroquia nació para acercar las mediaciones
de la Iglesia a todos sus
miembros. En ella se vive la comunión de
fe, de culto y de misión con toda
la Iglesia. La parroquia, constituida de
modo estable en la Iglesia particular,
"es el lugar privilegiado donde se realiza
la comunidad cristiana" En ella
están presentes todas las mediaciones esenciales
de la Iglesia de Cristo: la
Palabra de Dios, la Eucaristía y los sacramentos,
la oración, la comunión en
la caridad, el ministerio ordenado y la misión.
Es, por tanto, Iglesia de Dios,
bien dentro de un espacio territorial, como
sucede ordinariamente, o bien
para la atención de determinadas personas;
y ha de ser considerada como
verdadera célula de la Iglesia particular,
en la que se hace presente la
Iglesia universal. El signo de la función
maternal de la Iglesia es
precisamente la pila bautismal, la cual es
obligatoria en toda parroquia, y
que sólo ésta, al igual que la catedral,
posee en principio.
Los presbíteros que presiden las comunidades
parroquiales hacen las
veces del Obispo, de quien reciben misión
y autoridad. Juan Pablo II dice
que la parroquia es "la misma Iglesia
que vive entre las casas de sus hijos y
de sus hijas". La parroquia es, por
tanto, después de la catedral, ámbito
privilegiado para realizar la Iniciación
cristiana en todas sus facetas
catequéticas y litúrgicas del nacimiento
y del desarrollo de la fe. A pesar de
las dificultades que a veces se presentan
hoy, es necesario que la
comunidad parroquial asuma con responsabilidad
la tarea eclesial de la
renovación y revitalización de sí misma,
creando espacios de acogida y de
evangelización. Algunas veces se tratará
de una acción conjunta entre
varias parroquias. Las parroquias deben crecer
espiritual y pastoralmente
para ser, como les corresponde, puntos de
referencia privilegiados para los
que se acercan a la Iglesia de Cristo y quieren
vivir como cristianos.
La familia
34 "Por el hecho de haber dado la vida
a los hijos, los padres tienen el
derecho originario, primario e inalienable
de educarles; por esta razón ellos
deben ser reconocidos como los primeros y
principales educadores de sus
hijos". Lo mismo ocurre, en cuanto padres
cristianos, respecto de la
educación en la fe: "Antes que nadie,
los padres cristianos están obligados
a formar a sus hijos en la fe y en la práctica
de la vida cristiana, mediante la
palabra y el ejemplo". Este derecho
y deber, que la Iglesia reconoce a los
padres como educadores de la fe, brota del
sacramento del matrimonio y de
la consideración de la familia "como
Iglesia doméstica". En efecto, la misión
de la familia cristiana es un verdadero ministerio,
"por medio del cual se
irradia el Evangelio, hasta el punto de que
la misma vida de familia se hace
itinerario de fe y, en cierto modo, iniciación
cristiana y escuela de los
seguidores de Cristo".
Por eso, a pesar de las dificultades por
las que atraviesa hoy, la familia
cristiana sigue siendo una estructura básica
en la Iniciación cristiana, e
incluso un reto pastoral: la familia cristiana
no puede renunciar a su misión
de educar en la fe a sus miembros y ser lugar,
"en cierto modo insustituible",
de catequización. Es necesario ayudar eficazmente
a que la comunidad
familiar cristiana se renueve con la novedad
del Evangelio y se vuelva cada
día más a Jesucristo. La familia que transmite
la fe hace posible el
despertar religioso de sus hijos y lleva
a cabo la responsabilidad que le
corresponde en la Iniciación cristiana de
sus miembros.
La Acción católica y las asociaciones y movimientos
laicales
35 La situación actual reclama que se acentúe
aquello que puede
complementar con su ayuda la misión de la
parroquia y de la familia. Cabe
así situar la importancia y el valor respectivo
de las asociaciones y
movimientos laicales y otras instituciones
educativas, como estructuras
ambientales para la Iniciación cristiana
de los niños, de los adolescentes y
de los jóvenes. Estas asociaciones de fieles
se caracterizan, según el Papa
Juan Pablo II, por "la conformidad y
la participación en el fin apostólico de
la
Iglesia, que es la evangelización y santificación
de los hombres y la
formación cristiana de su conciencia, de
modo que consigan impregnar con
el espíritu evangélico las diversas comunidades
y ambientes". A las
asociaciones y movimientos se les encomienda
entre otras tareas "el
empeño catequético y la capacidad pedagógica
para formar a los
cristianos". En efecto, la Acción Católica
y este tipo de asociaciones y
movimientos tienen hoy la misión de ayudar
eficazmente a concretar una
experiencia eclesial y un espacio comunitario
propicio para el crecimiento
en la fe, presentando a los miembros que
se inician en ella un estilo de vida
cristiana en la Iglesia y el ejemplo de un
testimonio público del creyente en
la sociedad.
Los movimientos y grupos laicales son pequeñas
comunidades que
transmiten la fe, la oración y la liturgia
de la Iglesia, con un estilo de vida y
de compromiso apostólico peculiar que facilitan
la constante interacción
entre fe y vida, según las edades y circunstancias.
De ahí la necesidad de
promocionar y fortalecer en la Iglesia estos
espacios educativos. Cuanto
menos cristiano es el ambiente donde tiene
que desarrollarse la vida de un
niño o de un joven, más necesidad tiene de
ámbitos propios para educar su
fe e incorporarse libre y responsablemente
en la comunidad de la Iglesia.
La escuela católica
36 "La escuela católica es un ‘lugar’
muy relevante para la formación
humana y cristiana", que "entra
de lleno en la misión salvífica de la Iglesia
y
particularmente en la exigencia de la educación
de la fe... El proyecto
educativo de la escuela católica se define
precisamente por su referencia
explícita al Evangelio de Jesucristo, con
el intento de arraigarlo en la
conciencia y en la vida de los jóvenes, teniendo
en cuenta los
condicionamientos culturales de hoy".
En cuanto escuela "debe procurar la
formación integral de la persona
humana, en orden a su fin último y, simultáneamente,
al bien común de la
sociedad". Pero su carácter específico
de escuela católica, la convierte en
una comunidad cristiana, en constante referencia
a la Palabra de Dios y al
encuentro siempre renovado con Jesucristo.
Cuando actúa así, puede ser
también una mediación eclesial para la Iniciación
cristiana de sus alumnos,
colaborando en coordinación con los planes
pastorales diocesanos.
La enseñanza religiosa escolar
37 Aunque no es propiamente un ámbito de
Iniciación cristiana como los
anteriores, sin embargo puede contribuir
decisivamente a los objetivos
propios de ésta, al ofrecer algunas dimensiones
de carácter ético y moral
que nacen de las relaciones entre la fe y
la cultura, y entre la fe y la vida.
En este sentido tiene también una misión
evangelizadora. En efecto, la
enseñanza religiosa escolar, verdadero complemento
de la catequesis,
pretende también la educación básica e integral
de la fe, pero sometida a
las leyes que rigen la inculturación: subrayar
el valor universal de la fe y su
supremacía sobre las realizaciones culturales
del hombre; presentar el
mensaje cristiano como instancia crítica
del hombre y de su cultura; y
establecer un diálogo positivo entre la fe
y la cultura. Ciertamente esta
enseñanza constituye una estimable oferta
informativa para los niños y los
jóvenes acerca del mensaje y del acontecimiento
cristiano.
38 No obstante, a la enseñanza religiosa
escolar, a diferencia de la
catequesis, no le corresponde atender todas
las dimensiones propias de
una formación cristiana integral, tanto a
causa del lugar en que se imparte
como de su propia naturaleza de servicio
educativo para toda la sociedad:
en el caso de la enseñanza religiosa, "la
Iglesia actúa en un ámbito creado
primordialmente para la educación del ciudadano
en cuanto tal, en
estructuras de la sociedad para tal fin".
Sus objetivos no son, por tanto, los
que reclama la catequesis de inspiración
catecumenal; los padres que piden
la enseñanza religiosa para sus hijos, lo
hacen ordinariamente con la
intención de que lo religioso se integre
en la formación humana, de manera
que sea una oferta abierta a creyentes y
no creyentes, sin intención, al
menos explícita, de solicitar la Iniciación
cristiana. Al destacar la importancia
de la enseñanza religiosa escolar, queremos
llamar la atención sobre la
indicación que hemos hecho en nuestro Plan
Pastoral "Para que el mundo
crea" al dar a la predicación y la educación
de la fe un fuerte contenido
apologético.
2. Funciones eclesiales en la Iniciación
cristiana
39 La Iniciación cristiana, como mediación
de la Iglesia, se verifica
principalmente mediante dos funciones pastorales
íntimamente relacionadas
entre sí: la catequesis y la liturgia. En
el catecumenado de adultos,
catequesis y liturgia constituyen visiblemente
dos dimensiones de una
misma realidad, introducir a los hombres
en el misterio de Cristo y de la
Iglesia. En cualquier tipo de iniciación
cristiana, cada una de estas
funciones sigue teniendo un alcance propio
dentro de la única misión
evangelizadora y santificadora de la Iglesia,
y de la finalidad común que es
la edificación de la comunidad eclesial.
40 Por razones de claridad, se exponen por
separado las características
propias de cada una de estas funciones en
relación con la Iniciación
cristiana, pero no debe perderse de vista
su íntima complementariedad y
apoyo mutuo. En efecto, "la catequesis
está intrínsecamente unida a toda la
acción litúrgica y sacramental, porque es
en los sacramentos y sobre todo
en la Eucaristía, donde Jesucristo actúa
en plenitud para la transformación
de los hombres". La liturgia, por su
parte, "debe ser precedida por la
evangelización, la fe y la conversión; sólo
así puede dar sus frutos en la
vida de los fieles: la vida nueva según el
Espíritu, el compromiso en la
Iglesia y el servicio de su unidad".
La catequesis, en este sentido, prepara
para la celebración de los sacramentos de
la fe, los cuales "no sólo la
suponen, sino que a la vez la alimentan,
la robustecen y la expresan por
medio de palabras y de elementos";y
proporciona también un conocimiento
adecuado del significado de los gestos y
de las acciones sacramentales. La
liturgia inspira además una peculiar y muy
necesaria forma de catequesis,
llamada mistagógica, que "pretende introducir
en el Misterio de Cristo –es
mistagogia- procediendo de lo visible a lo
invisible, del signo a lo
significado, de los 'sacramentos' a los 'misterios".
A. La catequesis en la Iniciación cristiana
41 "La catequesis es elemento fundamental
de la Iniciación cristiana, y está
estrechamente vinculada a los sacramentos
de la Iniciación, especialmente
al Bautismo, ‘sacramento de la fe’. El eslabón
que une la catequesis con el
Bautismo, sacramento de la fe, es la profesión
de fe que es, a un tiempo,
elemento interior de este sacramento y meta
de la catequesis". La
catequesis debe procurar "una enseñanza,
aprendizaje, convenientemente
prolongado, de toda la vida cristiana",
con el fin de iniciar a los
catecúmenos en el misterio de la salvación
y en el estilo de vida propio del
Evangelio.
Señalados documentos del Magisterio Pontificio
y de nuestra Comisión
Episcopal de Enseñanza y Catequesis han estudiado
en profundidad el
papel de la catequesis hoy en la Iniciación
cristiana para todas las edades.
Es suficiente, por esto, señalar de forma
sucinta algunos puntos más
importantes remitiendo, para un conocimiento
más detallado, a los diversos
documentos.
Características y tareas de la catequesis
de Iniciación cristiana
42 La catequesis al servicio de la Iniciación
cristiana se presenta como:
a) "Una formación orgánica y sistemática
de la fe... Indagación vital y
orgánica en el misterio de Cristo que es
lo que, principalmente, distingue a
la catequesis de las demás formas de presentar
la Palabra de Dios".
b) "Una formación básica, esencial,
centrada en lo nuclear de la experiencia
cristiana... La catequesis pone los cimientos
del edificio espiritual del
cristiano, alimenta las raíces de la vida
de fe, capacitándole para recibir el
posterior alimento sólido en la vida ordinaria
de la comunidad cristiana".
c) "Un aprendizaje a toda la vida cristiana,
una ‘iniciación cristiana integral’,
que propicia un auténtico seguimiento de
Jesucristo e introduce en la
comunidad eclesial".
d) La catequesis de Iniciación cristiana
de niños, adolescentes y jóvenes, a
diferencia de lo que ocurre en el catecumenado
de adultos, está definida
también en cierto modo por la mistagogia,
como ya se ha dicho. En efecto,
el camino hacia la adultez en la fe, abierto
y configurado por el sacramento
del Bautismo, se desarrolla por medio de
los demás sacramentos de la
Iniciación que dan sentido y vertebran todo
el proceso iniciatorio.
Algunos criterios pedagógicos
43 Entre los principales criterios de orden
pedagógico que han de inspirar la
catequesis de Iniciación cristiana, cabe
señalar los siguientes:
a) Debe ser considerada como un proceso de
maduración y de crecimiento
de la fe, desarrollado de manera gradual
y por etapas. Esta gradualidad de
la catequesis tiene su origen en el modo
como Dios actúa en la historia de
la salvación y sigue la celebración del misterio
de Cristo en el año litúrgico,
como ya se ha dicho. Al estar "al servicio
del que ha decidido seguir a
Jesucristo, es eminentemente cristocéntrica".
b) Esencialmente unida al acontecimiento
de la Revelación y a su
transmisión, la catequesis de la iniciación
ha de inspirarse, como su fuente
y modelo, en la pedagogía de Dios manifestada
en Cristo y en la vida de la
Iglesia, y ha de contar con la acción del
Espíritu Santo en la comunidad y en
cada cristiano, "favoreciendo así una
verdadera experiencia de fe y un
encuentro filial con Dios".
c) A lo largo de todo el proceso, el catequizando
crece en la fe ayudado por
la oración y el ejemplo de toda la comunidad,
meditando asiduamente el
Evangelio, tomando parte activa en la liturgia,
practicando la caridad
fraterna y soportando con fortaleza las pruebas
de la vida.
d) La catequesis al servicio de la Iniciación
cristiana está impregnada por el
misterio de la Pascua, de modo que ha de
caracterizarse por el aprendizaje
del sentido de la Nueva Alianza, del paso
del hombre viejo al hombre nuevo,
de la lucha y superación del mal con la ayuda
de la gracia divina, de la
experiencia del gozo de la salvación.
Los catequistas en la catequesis de Iniciación
cristiana
44 En la catequesis de Iniciación cristiana
la figura del catequista es básica.
Llamado por la Iglesia a ejercer el servicio
de la catequesis, ha de estar
"dotado de una fe profunda, de una clara
identidad cristiana y eclesial y de
una honda sensibilidad social". Ha de
destacar por su madurez humana,
cristiana y apostólica, así como por su formación
y capacitación
catequética, como corresponde al cometido
que ha de desempeñar y que
es el de guía espiritual de los catequizandos,
acompañándoles en el
aprendizaje y maduración de la fe.
Se trata en definitiva de "lograr que
el catequista pueda animar eficazmente
un itinerario catequético en el que, mediante
las necesarias etapas, anuncie
a Jesucristo, dé a conocer su vida, enmarcándole
en la historia de la
salvación, explique los misterios del Hijo
de Dios, hecho hombre por
nosotros, y ayude, finalmente, al catecúmeno
o al catequizando a
identificarse con Jesucristo en los sacramentos
de iniciación".
Los catequistas, especialmente los que preparan
a los adolescentes y los
jóvenes para recibir el sacramento de la
Confirmación, ejercen una función
eclesial relevante, ya que también ellos
son transmisores de la fe de la
Iglesia, y no simplemente unos animadores
o monitores que coordinan y
acompañan el trabajo del grupo. Precisamente
por esto la formación de
estos catequistas debe ser cuidada de un
modo especial, en atención a la
edad de los que van a recibir el sacramento.
B. La liturgia en la Iniciación cristiana
45 La Iniciación cristiana comprende esencialmente
la celebración de los
sacramentos que consagran los comienzos de
la vida cristiana en analogía
con las etapas de la existencia humana, y
que por este motivo se llaman
sacramentos de Iniciación. Como todos los
actos litúrgicos, "por ser obra de
Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la
Iglesia" los sacramentos son
acciones sagradas por excelencia, "cuya
eficacia, con el mismo título y en el
mismo grado, no la iguala ninguna otra acción
de la Iglesia". Los
sacramentos del Bautismo, de la Confirmación
y de la Eucaristía son, por
eso, 'fuente' y 'cima' de la Iniciación,
junto con las celebraciones de la
Palabra de Dios y los escrutinios. En el
itinerario de los que fueron
bautizados siendo párvulos, está presente
también la Penitencia, que
otorga el perdón de los pecados cometidos
después del Bautismo.
Todas estas celebraciones litúrgicas ponen
de manifiesto la progresiva
vinculación a Jesucristo de los catecúmenos
y de los catequizandos, a la
vez que les comunican la salvación que brota
del misterio pascual. Del
esmero que se ponga en hacer de ellas verdaderos
momentos eclesiales
del encuentro salvador con Dios en Jesucristo,
unidos a la acción
catequética, dependerá en gran medida el
fruto espiritual de todo el
itinerario de la Iniciación, y aún el sentido
mismo de toda la vida cristiana,
por la iniciación en el lenguaje bíblico
y litúrgico, por la centralidad de la
Eucaristía dominical, por el acercamiento
al sacramento de la penitencia.
La unidad de los sacramentos de la Iniciación
46 El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía
guardan entre sí una íntima
unidad, constantemente reclamada por el Magisterio
desde el Concilio
Vaticano II. En efecto, "los sacramentos
de la Iniciación cristiana se ordenan
entre sí para llevar a su pleno desarrollo
a los fieles, que ejercen la misión
de todo el pueblo cristiano en la Iglesia
y en el mundo". Se trata de expresar
"la unidad del Misterio pascual, el
vínculo entre la misión del Hijo y la
infusión del Espíritu Santo, y la conexión
entre el Bautismo y la
Confirmación".
La celebración de estos sacramentos, aun
dentro de las peculiaridades de
las legítimas tradiciones litúrgicas de Oriente
y de Occidente, confiere una
unidad que se proyecta sobre todo el proceso
de la Iniciación cristiana. En
Oriente los sacramentos de la Iniciación
se administran juntos en la misma
celebración, tanto en el caso de los adultos
como en el de los recién
nacidos. En Occidente esta práctica no ha
variado para la Iniciación de los
adultos, si bien en el caso de los que son
bautizados de párvulos, la Iglesia
ha admitido por motivos pastorales que los
restantes sacramentos se
confieran en celebraciones distintas en el
tiempo, manteniendo, no
obstante, la unidad orgánica y el principio
de la ordenación mutua de los
sacramentos de iniciación.
47 Ahora bien, es preciso que esta unidad
y ordenación mutua de los
sacramentos de iniciación se pongan de manifiesto
también en las
enseñanzas que acerca de ellos transmite
la catequesis, como en la misma
práctica pastoral. Difícilmente se logrará
que la Iniciación cristiana aparezca
como un proceso unitario, catecumenal e integrador
de todos los aspectos
catequéticos y litúrgicos que comprende,
si en la preparación o en la
celebración de alguno de ellos no se pone
de relieve su necesaria y
progresiva conexión.
Catequesis presacramental y mistagógica
48 La celebración de los sacramentos de la
iniciación suele ir precedida
entre nosotros de un tiempo de preparación
específica y próxima más
intensa. En dicho tiempo se ofrece una catequesis
litúrgica o
presacramental, cuya finalidad es "preparar
a los sacramentos y favorecer
una comprensión y vivencia más profundas
de la liturgia". Esta catequesis
consiste en una explicación de los ritos,
símbolos y gestos de la
celebración, a la vez que trata de inculcar
en los candidatos a los
sacramentos las actitudes internas de conversión
y de fe que hagan más
fructuosa su participación. Esta catequesis
es esencialmente bíblica y
litúrgica, y expone la continuidad entre
los acontecimientos de la historia de
la salvación y los signos sacramentales de
la Iglesia.
49 Esta forma de catequesis es llamada también
"mistagógica", porque
consiste en ayudar a entrar en la realidad
del misterio que se celebra.
Procede siempre "de lo visible a lo
invisible, del signo a lo significado, de
los
'sacramentos' a los 'misterios'". No
debe partir de ideas o conceptos, sino de
la experiencia de los mismos dones recibidos
de Dios, para hacer descubrir
a los bautizados su propia identidad y mostrarles
el itinerario que Dios está
dispuesto a completar mediante los signos
sacramentales (Confirmación y
Eucaristía), conduciendo a los bautizados
a la acción de gracias, a una
conversión más profunda, a una celebración
gozosa de las obras divinas,
traducidas después en una conducta coherente.
El año litúrgico, marco de la Iniciación
cristiana
50 Cuando se contempla la historia de la
Iniciación cristiana en los primeros
siglos de la Iglesia, se advierte la importancia
de la celebración del misterio
de Cristo en el año litúrgico como marco
de referencia de todas las
acciones catequéticas y sacramentales de
la iniciación. Más aún, el ciclo de
Pascua que comprende la Cuaresma y la Cincuentena
pascual, nació y se
desarrolló como consecuencia de la necesidad
de organizar la Iniciación
cristiana y de incorporar a ella a toda la
comunidad eclesial. De hecho todo
el año litúrgico, iluminado por la luz de
la Pascua, es "año de gracia del
Señor", y ámbito en el que se hace realidad
la economía de la salvación en
el "hoy" de la liturgia.
El domingo, Pascua semanal y día de la Iniciación
cristiana
51 Entre todos los tiempos de la celebración
del misterio de Cristo en el año
litúrgico, sobresale el "día del Señor"
o domingo, "fundamento y núcleo del
año litúrgico". El domingo, verdadera
Pascua semanal, tiene como centro la
celebración eucarística, encuentro de la
comunidad de los fieles con el
Señor resucitado que la invita a su banquete";
es "la asamblea litúrgica, en
que los fieles 'deben reunirse, escuchando
la palabra de Dios y participando
en la Eucaristía, para recordar la pasión,
la resurrección y la gloria del
Señor Jesús y dar gracias a Dios, que los
hizo renacer a la esperanza viva
por la resurrección de Jesucristo de entre
los muertos".
52 Entre todos los aspectos del domingo,
destaca su condición de día
propio y especialmente indicado para celebrar
los sacramentos de la
Iniciación y otros ritos que jalonan el itinerario
catecumenal y para recordar
que el Bautismo es el fundamento de toda
la existencia cristiana. En este
sentido la celebración del domingo ocupa
un papel clave en la formación de
la identidad cristiana y en la maduración
en la fe de quien avanza en el
proceso de la iniciación y se prepara para
recibir los sacramentos de la
Confirmación y de la Eucaristía. Para los
cristianos, el ‘domingo es un día
irrenunciable’, como ha recordado el Papa
Juan Pablo II en su Carta
Apostólica Dies Domini, del 31 de Mayo de
1998, en la que exhorta a
valorar el domingo, día distintivo de los
cristianos, a causa de su estrecha
relación con el núcleo mismo del misterio
cristiano.
Los sacramentos de la Iniciación
53 Tanto en la preparación catequética y
litúrgica como en la celebración
de los sacramentos de la Iniciación cristiana,
se debe atender no sólo a las
condiciones que afectan a la validez sacramental
y a la licitud de las
acciones litúrgicas, sino igualmente a todo
aquello que está relacionado con
la expresividad, la verdad y la belleza de
los signos, y a la participación
consciente, activa y fructuosa de quienes
reciben los sacramentos y asisten
a la celebración. Téngase en cuenta que la
celebración litúrgica contribuye
de manera decisiva a la formación de la fe
de los fieles, avivando y
nutriendo esa misma fe, creando un clima
adecuado de comprensión de los
textos y de los signos y, sobre todo, ayudándoles
a vivir "hoy "el
acontecimiento de la salvación.
En este sentido conviene tener muy en cuenta
lo que señalan los
respectivos rituales respecto a la celebración:
lugar y tiempo propio y
oportuno, forma de pronunciar o de cantar
los textos y de realizar los
gestos, ambiente comunitario y religioso,
participación de los fieles, de los
padres y padrinos, y de los mismos candidatos
a los sacramentos. El
Obispo debe procurar que todo esto esté presente
en los directorios
pastorales diocesanos dedicados a los sacramentos
de la Iniciación .
1. El Bautismo
54 El "Bautismo es el fundamento de
toda la vida cristiana, el pórtico
de la vida en el Espíritu y la puerta que
abre el acceso a los otros
sacramentos. Por el Bautismo somos regenerados
como hijos de
Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y
somos incorporados a la
Iglesia y hechos partícipes de su misión.
El Bautismo es el
sacramento del nuevo nacimiento por el agua
y la Palabra". El
Bautismo, "por sí mismo es sólo un principio
y un comienzo porque
todo él tiende a conseguir la plenitud de
la vida en Cristo. Así pues, el
Bautismo se ordena a la profesión íntegra
de la fe, a la plena
incorporación a la economía de la salvación
tal como Cristo en
persona estableció y, finalmente, a la íntegra
incorporación en la
comunión eucarística". A lo largo de
todo el itinerario de la Iniciación
cristiana se deberá tener presente este acontecimiento
fundamental,
obra de Dios, y nada deberá oscurecer este
inicio del cual depende la
vida en Cristo y en la Iglesia; esto sucedería
si se considerara que el
hecho de haber sido bautizado como párvulo
disminuye el valor del
don recibido.
2. La Confirmación
55 Dentro del conjunto de la Iniciación cristiana,
el sacramento del
don del Espíritu es la Confirmación del Bautismo,
que pone de
manifiesto la presencia y la acción del Espíritu
Santo en la Iglesia y
en los bautizados, verdadero "don de
Dios" (Jn 4,10) otorgado el día
de Pentecostés. Cuando la Confirmación se
administra
separadamente del Bautismo, su celebración
comprende también la
renovación de las promesas bautismales y
la profesión de la fe. En
efecto, "a los bautizados los une más
íntimamente a la Iglesia y los
enriquece con una fortaleza especial del
Espíritu Santo. De esta
forma se comprometen mucho más, como auténticos
testigos de
Cristo, a extender y defender la fe con sus
palabras y sus obras".
La Confirmación, "como el Bautismo,
del que es la plenitud, sólo se
da una vez. Imprime en el alma una marca
espiritual indeleble, el
'carácter', que es el signo de que Jesucristo
ha marcado al cristiano
con el sello de su Espíritu revistiéndolo
de la fuerza de lo alto para
que sea su testigo". La Confirmación,
por otra parte, significa y
confiere una más profunda vinculación a la
Iglesia, Cuerpo de Cristo,
y se orienta hacia una más intensa y perfecta
participación en el
Sacrificio eucarístico, "fuente y cima
de la vida cristiana", de manera
que los confirmados "ofrezcan a Dios
la Víctima divina y a sí mismos
juntamente con ella" para formar "en
Cristo un solo cuerpo y un solo
espíritu" Por e